Análisis del Plan Estratégico de Convivencia Escolar

El presente estudio es subjetivo del autor, basado en el trabajo de campo como cibereducador y cibercooperante recogiendo las opiniones de los menores, personal docente y familiares en múltiples centros educativos de la provincia de Sevilla durante varios años, así como en la experiencia en investigación de crímenes informáticos y de crisis de reputación online realizados junto al equipo multidisciplinar de QuantiKa14 y ExoSecurity.

Se procede al análisis del Plan Estratégico Para la Convivencia Escolar (que puede descargar en este enlace). No se valorará los contenidos que afectan a temas como prevención de la violencia de género, integración racial, acoso escolar, prevención a la violencia desde la primera infancia y demás problemáticas sociales debido a que el gran elenco de especialistas que lo elaboran merece toda garantía de solvencia, profesionalidad y experiencia. Se concreta, por tanto, en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación en el ámbito escolar, debido a su incipiente y rápida evolución, así como su velocidad de propagación hacen que estas conformen una problemática en la que toda colaboración es poca.

Con gran acierto, se define Comunidad Educativa en el documento de estudio abarcando un amplio espectro:

“no tan sólo los y las profesionales que interaccionan en el marco del centro educativo en los procesos de aprendizaje de los y las estudiantes, sino también todos aquellos agentes que también participan de este proceso englobando desde la familia, al resto de los y las iguales, otros profesionales que trabajan en el centro, la administración educativa, la administración local, las instituciones y organizaciones sociales, el voluntariado, etc.”.

Se enaltece la colaboración de toda la comunidad educativa en el espacio educativo. En este punto se echa de menos la definición de Ciberespacio Educativo, debido a que muchos centros están utilizando plataformas online para intercambio de información. Del mismo modo las cuentas en redes sociales de los colegios y de asociaciones de madres y padres de alumnos favorecen la interrelación de información de la comunidad educativa con otras más personales e incluso profesionales. Por ejemplo, viendo quien publica, cita o es seguidor en estas redes sociales, tenemos los perfiles de otros padres, profesores o alumnos.

El acceso a programas de mensajería instantánea también está modificando la postura y actuación de las madres y padres de alumno en lo referente al centro educativo y al equipo docente, siendo una de las principales fuentes de conflicto en la comunidad educativa los llamados “grupos de WhatsApp”, que afectan directamente a la convivencia. Por lo tanto, debemos definir el Ciberespacio Educativo, fijando roles y tomando medidas en cuanto a su gestión y dimensionado, analizando las interacciones y nexos. Esa facilidad de comunicación podía prever una situación positiva al facilitar el acercamiento de la familia al centro educativo, pero en la práctica está siendo utilizada por parte de madres y padres sobreprotectores a la hora de revisar las tareas propuestas para casa de los menores. Por lo tanto, los menores no consideran prioritario prestar la debida atención para controlar que tareas se imponen para su realización fuera del centro docente. Esta situación merma la adquisición de responsabilidad y compromiso en edades tempranas ya que tan importante es la realización de la tarea como el hecho de ser capaces de gestionar el encargo de hacerla. Es también habitual que los menores utilicen dispositivos de sus padres para interactuar en esos grupos de mensajería instantánea, viendo, por lo tanto, conversaciones que han tenido los adultos sobre el personal docente, lo que menoscaba la autoridad de este.

La educación digital, se debe vehicular a través de una doble vertiente integrada por:

  • la educación tecnológica para que los menores se manejen con garantía de seguridad, privacidad y prevención.
  • La educación conductual, para que desde el primer contacto hagan un uso adecuado y seguro de las mismas.

El siguiente punto que vamos a tratar, debido a su importancia en este análisis se trascribe literalmente:

“La atención y cuidado del uso de las tecnologías de la información y la comunicación

La violencia, el acoso y la conflictividad escolar deben entenderse como un fenómeno que va mucho más allá de los espacios que tradicionalmente se han considerado. Nuestros estudiantes, cada vez a más temprana edad, utilizan una multiplicidad de canales para las interacciones que van más allá del aula, el recreo y la calle. Ante esta situación, una discusión que se plantea muy a menudo en nuestros centros es la limitación o no de móviles, ordenadores u otros dispositivos en los mismos para proteger a los y las estudiantes de posibles usos negativos. Una de las conclusiones más contundentes a la que llegan los estudios que abordan las medidas para prevenir el acoso es la ineficacia de restringir el acceso a los medios digitales a las y los menores. En este sentido, este tipo de actuación, en lugar de beneficiar, incrementa aún más el riesgo de sufrir alguna situación de este tipo. De forma contraria, existe un consenso en la comunidad científica en que la práctica más efectiva para la prevención del ciberacoso y sus derivados (grooming, sexting y gossip) es la sensibilización de los y las menores en un acceso a la red cuyos contenidos sigan unos criterios de calidad y a la vez que desarrollen una perspectiva crítica sobre estos mismos contenidos.

Así, la formación en TIC debe incluir tanto competencias de participación ciudadana, a través de un uso responsable de los medios, como competencias para la prevención de riesgos. Esta línea confluye con las recomendaciones internacionales donde se insta a formar al alumnado tanto en sus derechos en Internet como en sus deberes, fomentando de este modo desde la temprana edad la ciudadanía activa. Por ejemplo, inculcar la idea de generar una identidad digital responsable entre la juventud, con una mirada crítica y con visión a largo término.

Estos Planteamientos están en la línea de las recomendaciones de los organismos internacionales que abordan la temática, que inciden en dotar de protagonismo a los y las menores en los procesos de prevención. Así las y los jóvenes están reclamando que se escuche su voz y que las personas adultas se impliquen y se formen sobre este tipo de problemáticas. Recientemente la investigación profundiza en todo ello Planteando la creación de espacios donde los propios chicos y chicas puedan ser agentes de prevención. Cuando estos espacios de encuentro y diálogo no existen, la adquisición de habilidades para la prevención se reduce. Sin embargo, cuando sí se dan estos momentos de encuentro para hablar de estas problemáticas, cuando se consideran las voces de los menores en el diseño de las normas de los centros escolares, se contribuye a articular un entorno socializador que previene el acoso físico y también en la red.”

Gran acierto al recoger el enfoque integrador de las tecnologías de la información y la comunicación en lugar de abrazar la tecnofobia reinante en algunas sociedades educativas. Es importante recordar que el centro educativo tiene la responsabilidad civil subsidiaria de sus alumnos menores en horario escolar y, por lo tanto, se hace necesario implementar algunas medidas de control en el uso de los dispositivos, tanto particulares como del propio centro. Si bien se debe respetar dentro de lo posible la intimidad y privacidad de los menores, también es necesarios poder demostrar que estos no realizan actos inapropiados o ilegales desde el centro y en el caso de que se produzcan, poder demostrar quien cuando y como lo llevó a cabo. Para conseguir este doble objetivo es fundamental el uso de medidas de mediación activas (con un acompañamiento constante en los primeros años de uso de las nuevas tecnologías) y medidas de mediación restrictiva (tales como controles parentales, monitorización, listas blancas, IDS/IPS, etcétera) deben de ser habituales en los centros docentes, que deben tener un plan director de ciberseguridad para conocer el grado de riesgo de sus alumnos y equipo docente al menos, durante su permanencia en el centro. Considerar por tanto la realización de este plan director de ciberseguridad, donde se recoja un análisis de riesgos, así como unas políticas y planes protocolizados que de manera homogénea faciliten la labor de control y garanticen el uso con seguridad de los menores. Este plan debe recoger los medios que permitan realizar peritajes informáticos forenses, por medio de profesionales acreditados, que recopilen evidencias digitales en caso de comisión de actividades no autorizadas en el centro, prevaleciendo la característica de no repudio de sus autores permitiendo así la descarga de responsabilidad del centro y sus gestores.

El siguiente punto que vamos a tratar es el nombrado como La formación del profesorado como un elemento clave en la consecución de los siete ejes y del que entresacamos el siguiente párrafo:

“En general en el aprendizaje, pero muy especialmente en la adquisición de los valores y actitudes, es necesario aunar la teoría, el discurso docente y la práctica, en el día a día del aula. Sabiendo que los niños y las niñas no aprenden tanto de lo que decimos sino de lo que hacemos, hay que impulsar una práctica profesional y docente en la que lo que se dice sirva para repensar lo que se hace, así como para organizar el aula conforme a los valores de solidaridad, respeto, equidad y libertad, que promovemos en los planes de convivencia. En coherencia con los análisis existentes en la actualidad en materia de formación docente, se desarrollarán modelos democráticos de formación que abran espacios para ser compartidos con todos los agentes educativos que intervienen en la vida socioeducativa del estudiantado”

Por ello es importante para que el alumnado empiece cuidando su huella digital y que la reputación online de las personas que incluyen la comunidad educativa sea apropiada a los objetivos establecidos en el propio plan estratégico para la convivencia escolar, empezando por el equipo docente. Sería fundamental una formación específica del profesorado en ciberconcienciación que los dote de los conocimientos para cumplir con unos requisitos mínimos de exposición y conducta en redes sociales. Resaltamos el séptimo de estos objetivos:

“Garantizar que la mejora de la convivencia se traslade a los espacios de socialización asociados a las TIC.”

En cuanto al más relevante de los puntos del documento, el punto 7, Líneas de actuación y medidas se realiza un pormenorizado desglose del que solo podemos destacar los siguientes: en la línea 6, Prevención y control de incidentes violentos o de acoso en los centros educativos y apoyo a las víctimas de violencia y acoso, figura la medida:

M6.4. Desarrollar una app que ofrezca la información necesaria para que la víctima identifique lo que le pasa y, haciendo uso de la geolocalización, ofrezca información sobre los recursos de atención disponibles en la zona.

Y en la línea 7, Comunicación, intercambio y difusión de información y conocimiento sobre el impacto de la convivencia escolar en la educación, aparece:

M7.2. Mantener, desarrollar, divulgar, garantizar la accesibilidad y mejorar el Portal de Convivencia Escolar concebido como una herramienta de información y ayuda, con numerosos recursos en torno a la atención y mejora de la convivencia para los centros educativos, el profesorado, el alumnado y las familias

M7.3. Crear y dinamizar espacios específicos en las redes sociales e Internet desde donde se promueva tanto la difusión de información como el intercambio y el diálogo social en torno a la convivencia escolar, a través de espacios como el Blog educaLAB, Portal Intercambia, Twitter, Facebook, YouTube, etc.

En lo referente a Ejecución del Plan: calendario de aplicación y distribución del presupuesto

“…se contemplan otras acciones como la formación, el desarrollo normativo, la activación del Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar o la creación y difusión de materiales y recursos. Además, se incluyen la evaluación y la investigación como acciones fundamentales para valorar el impacto de las medidas aplicadas. Algunas acciones se mantendrán durante todo el tiempo de aplicación del Plan. Es el caso del Portal de Convivencia Escolar (M7.2), el Blog educaLab, Portal Intercambia, Twitter, Facebook, YouTube, etc. (M7.3). Otras medidas se desarrollarán en el marco de un Programa de Cooperación Territorial que cuenta con dotación económica propia.”

CONCLUSIONES:

Si bien se toma la informática e internet como vehículo para la implantación de herramientas y controles para el seguimiento del Plan y la difusión de información, se echa en falta una mayor presencia del factor de riesgo inherente en el intercambio de comunicación de los componentes de la comunidad educativa en el ciberespacio, así como del factor de riesgo que entraña el uso indebido de las tecnologías de la comunicación y la información a edades tempranas sin supervisión y regulación. El panorama actual de desconocimiento de gran parte de la población adulta de las herramientas utilizadas para la comunicación y el acceso a contenido que pudieran ser inapropiados por parte de menores unido al posible uso de estas tecnologías para la comisión de acciones indebidas e incluso delictivas por acción u omisión lo hacen, a criterio del autor de este análisis, merecedor de una línea de actuación y medidas en exclusiva que refleje su importancia y penetración. Esto es debido a que su repercusión en la convivencia es demostrada, demostrable y cuantificable con la implementación de protocolos, medidas, métricas y controles. Estos se deben desarrollar en un plan director de ciberseguridad enfocado tanto a la salvaguarda de un uso seguro de las tecnologías de la información y la comunicación como a la monitorización de actividad que desemboque en la detección de incidentes de ciberseguridad que activen protocolos de actuación definidos. Del mismo modo, mejorar la reputación online de la comunidad educativa al completo alineando esta con los principios, fines y objetivos del Plan analizado. Sin menospreciar, el riesgo que supone el apostar por una sociedad educativa que integre el uso de la comunicación digital sin tomar las oportunas medidas paliativas sobre la responsabilidad civil subsidiaria de los centros docentes.

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