Likes y junláis

Han pasado los tres días de luto que se habían fijado y es el momento de reflexionar sobre lo vivido. Los atentados de Barcelona y Cambrils han dejado al descubierto muchas cosas, muchas. Pero sobre todo han vuelto a dejar de manifiesto algo que se ha instaurado rápidamente: la falta de saber estar en este mundo hiperconectado.

Recuerdo mi niñez, época cada vez más lejana, donde existía algo llamado valores. Por poner un ejemplo rancio, cuando entraba un profesor en clase, nos poníamos en pie y esperábamos a que nos diera permiso para sentarnos. No era una educación religiosa, puesto que la democracia ya era incipiente, pero existían unas normas de conducta. Era un rollazo que nuestra juventud no entendía y contra lo cual, en pequeñas dosis de rebeldía, nos revelábamos. Siempre en la medida de lo posible. Hacíamos escritos, publicábamos fanzines, componíamos canciones protestas. Los más radicales hacían uso del spray en alguna fachada de algún solar o edificio abandonado.

No opinábamos todos igual, recuerdo las tertulias en las peluquerías de barrio sobre política y fútbol. Los programas de debate en los escasos canales de televisión. Lo más parecido a un influence era un taxista, que en cuanto te subías, te plasmaba su ideario de pe a pa. Había discusiones, insultos y peleas. Aunque todo el mundo sabía que, si la discusión había sido demasiado airada, o si se había llegado al punto del insulto y por supuesto si se llegaba a la violencia, es que la cosa se había ido de las manos, se había actuado mal.

Lo que intento transmitir, es que, independientemente de lo que cada uno pensara, de su ideología, de su equipo de fútbol, de su estado civil, de su raza, de su religión o de las copas que mollate que llevara, todos sabíamos cuáles eran las formas y cuáles eran los límites. Y éramos conscientes cuando se rebasaban, aunque fuera a posteriori. Por supuestos que había junláis que no se enteraban de nada y quedaban retratados como tonto en cuanto abrían la boca. El junlái de antes es el cuñado de ahora que busca los “me gusta” y los “fav”. A estos yo les llamo JunLikes.

Ahora, si nos damos una vuelta por cualquier red social o grupo de WhatsApp veremos tal cantidad de barbaridades, de insultos, de aberraciones… que definitivamente concluyo en que no sabemos mantener el tipo.

Defendamos la libertad de expresión, pero no la libertad de excreción mental. Respetemos a la gente capaz de lanzar iniciativas con el convencimiento de llevarlas a cabo, pero no a los que lanzan proclamas con la única voluntad de su propio beneficio. No es lo mismo crear o seguir una corriente de opinión que dejar que tu opinión se la lleve la corriente.

Hemos fracasado en la transmisión de información a todos los niveles:

  • A nivel polítplaya con huellasico se han dado ruedas de prensa cargadas de inquina, más pensadas en el rédito político que en comunicar a la sociedad lo que nuestros dirigentes estaban haciendo por la población, porque la población estaba asustada. Que te digan “no tenemos miedo” es parecido a que te digan “no te pongas nervioso”, el efecto es inmediato.
  • Los medios de comunicación, la prensa seria, sigue empeñada en competir con las redes sociales. Debe entender que hacer periodismo no se basa en “retuitear”. Las cadenas sacaban su “programación especial” que eran los mismos programas de cada de cada día, pero hablando de los atentados, sin ningún tipo de especialista, de rigor, aumentando la confusión. Periodistas sin formación específica de la situación, con un micrófono delante durante horas, en directo, muy difícil salir bien parado.
  • Incluso la gestión de la información de fuentes policiales ha sido desafortunada en muchas ocasiones, aunque su actuación y predeterminación ha sido clave para evitar más perdidas.
  • Los ciudadanos salimos salpicados también. Si dejáramos unos minutos de mirar la vida a través de la pantalla de nuestro smartphone seríamos capaces de ver que esto es real y prestaríamos nuestra ayuda a quien agoniza a nuestro lado tirado en el suelo en lugar de grabar y difundir su imagen.

“Todo pasa y todo queda,
Pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.”

Siempre hace más ruido quien grita. Todos estos cibercobardes, que han llenado internet con sus más bajunos instintos deben saber que internet no olvida y todo queda, sus comentarios los seguirán calificando hasta el fin de los tiempos. Serrat podría reescribir su interpretación del poema de Antonio Machado finalizando:

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
Y cualquiera al navegar,
verá que eres un cretino.

¿Qué soluciones tenemos los que aun viendo que escasean los valores, tenemos la tarea de educar a nuestros menores para que interactúen en este mundo? Pues dejarles claro que más que nunca somos “dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras”, porque hoy en día esas palabras quedan para siempre. Estos son “cibervalores” a compartir con ellos.

  1. No publicar nunca opiniones y reflexiones personales “en caliente”.
  2. No publicar nunca posturas radicales que conlleven conductas fuera de la legalidad.
  3. Pensar siempre que al publicar estamos vertiendo una opinión que permanecerá en internet por siempre.
  4. No es necesario que internet sepa todo de ti, sólo lo que a ti te interesa.
  5. No busques reafirmar tu personalidad en internet hazlo con la familia, amigos…
  6. Es normal cambiar de opinión, pero no es conveniente que esos cambios queden reflejados en internet, pueden ser usados en tu contra.
  7. No expongas nada de nadie que no te gustaría que expusieran de ti.
  8. Si para tener seguidores en las RRSS tienes que cambiar tu personalidad, no te siguen a ti.
  9. Publicar en redes sociales es adictivo, analiza lo que publicas y por qué.
  10. USA INTERNET PERO QUE INTERNET NO TE USE A TI.

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