La Metamorfosis 2.0: BlockChain

2008 fue para mucha gente el año que marcaba el principio del fin de muchos paradigmas que parecían eternos, – con sus correspondientes daños colaterales y cadáveres que se resisten a entrar en el ataúd – en tanto que para otros significó el punto de partida, mezclándose ambas, la vieja perspectiva y la nueva, de forma desordenada en nuestro devenir diario – normativa, comunicación, ocio, trabajo, negocios, amor-. Todo el mundo estuvo de acuerdo en bautizar esta coyuntura temporal como la de “ La crisis”.

Decía Bertolt Brech que “una crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. El dramaturgo alemán sin duda sabía de lo que hablaba, pues vivió dos grandes guerras mundiales, y además de su brillante obra, nos legó está y otras reflexiones que, conforme van pasando los años, van cobrando más cuerpo y significado.

En tanto el Estado del Bienestar se despiezaba en interminables reuniones de salón y menús de corvina con sufflé de caviar y otro tipo de platos sacados del ideario de un dietista funámbulo, un señor que decía llamarse Satoshi Nakamoto – ¿o varios? ¿ tal vez señora? ¡quién sabe!- escribía un artículo en la lista de criptografía de metzdowd.com, donde describía el protocolo Bitcoin como parte de la solución para lanzar una criptomoneda que fuese viable, eliminase el problema del doble gasto y ya de paso, a los intermediarios entre transacciones: esa solución integraba BlockChain, o Cadena de Bloques.

Un suceso paradójico, que podríamos definir casi de entelequia es que, el mismo año en el que el sistema se desmoronaba arrastrado por el luctuoso comportamiento de la banca de inversión, alguien ideara el modelo para terminar con los intermediarios financieros, lo que, traducido al cristiano significa sentar las bases para terminar con los mismos que danzaban en la intimidad de despachos interminables con los brazos al aire celebrando la compra de tal o cual entidad a precio de saldo, un lote de solares expropiados o, simplemente, una indemnización millonaria– que los angelitos de corbata denominan Golden Parachute – ; millones que son el corolario y la retreta a sus carreras, después de haberles metido las cabras en el corral a millones de personas e instituciones – .

En los años que sucedieron a 2008, el viejo paradigma y el nuevo recorrieron caminos paralelos aunque totalmente antagónicos; el Viejo Mundo que conocemos giraba en sentido contrario a las agujas de reloj, y así, con cada nueva privatización, con la liquidación del modelo de estado, del sistema de prestaciones públicas y el continuo reguero de recortes, retrocedíamos al pasado; con cada nuevo mazazo a los derechos y libertades de los ciudadanos, y su empobrecimiento de diseño institucionalizado las agujas giraban en dirección a esos tiempos de ricos y pobres que de las novelas de Dickens. En tanto el Nuevo Mundo, ese que tantas veces dijimos que estaba por venir y que de tanto decirlo se presentó entre nosotros sin que nos diéramos cuenta, ese Nuevo Mundo, repito, con sus paradigmas de nueva planta, giró y giró tan rápido hacia el futuro que cuando los organismos reguladores quisieron darse cuenta era ya demasiado tarde para ponerle freno: el universo de las TIC´s – Tecnologías de Información y las Comunicaciones- les había tomado la delantera.

Whattsapp, Wallapop, Facebook, Twitter, Youtube, a nivel de aplicaciones de usuario, por citar algunos ejemplos; los Smartphone, con todas las funcionalidades que integran, el sistema de comunicaciones P2P o las criptomonedas como medio de pago comienzan a dibujar, junto con avances en otros ámbitos que las TICs han acelerado o favorecido – Domótica, sanidad, transporte, etc – un futuro en el que no estarán muchos de los actores que todavía protagonizan el presente.

Pero si existe un verdadero paradigma de este cambio del que hablamos es, sin duda, el de las monedas virtuales; imaginar un mundo en el que no exista el todopoderoso Sistema Financiero o en el que este no tenga la enorme influencia de la que goza en el presente nos resulta algo ajeno y complicado; y sin embargo, bien podría ser una realidad, si termina triunfando el modelo que propone Bitcoin y que con posterioridad han replicado otras criptodivisas.

La clave y lo que marca la diferencia entre algo que nace muerto y algo que viene para quedarse es su viabilidad a lo largo del tiempo; gracias a la tecnología Blockchain, Bitcoin ha cumplido ocho años, a pesar del FBI y del sector bancario tradicional. – De hecho, la identidad real de Satoshi sigue siendo un misterio, entre otras cosas, porque podría enfrentarse a un proceso judicial en EEUU por “atentar” contra la estabilidad del Dólar-.

Llegados a este punto, la pregunta se torna inevitable. ¿Qué es BlockChain?

Hablamos de una base de datos distribuida, que emplea diferentes tecnologías – Peer-to-Peer, criptografía, sellado de tiempo etc.- que combinadas hacen posible que ordenadores y otros dispositivos puedan manejar información compartiendo un registro distribuido, descentralizado y sincronizado entre todos ellos, y que va unido al concepto “distributed ledger technologies” (tecnologías de registro distribuido);

Este concepto sustituye las tradicionales bases de datos, y por ende, al ente que las centraliza y gestiona; he ahí la clave.

Imaginemos una transacción tradicional; el señor A quiere comprarle un producto al señor B. Como uno vive en México y el otro en Sevilla, recurren a un banco, el intermediario, que recibe el dinero del señor A y se lo ingresa a B, actuando como garante de la operación y, como es natural, cobrando una comisión en concepto de sus servicios. Con una moneda virtual, la comunicación es directa, entre las partes, y el ingreso se efectúa de un monedero a otro, directamente. Eliminamos el intermediario; y por tanto, eliminamos también la comisión.

Es por eso que BlockChain adquiere tanta importancia, pues resuelve varios problemas, tales como la posibilidad de la falsificación, al guardar un registro de todas las transacciones que se realizan.

Por las características del sistema de transacción directo y los riesgos que ello puede conllevar de cara a proteger los datos personales de los usuarios, el sistema de Cadena de Bloques respeta la identidad y privacidad, manteniendo el anonimato de los participantes gracias al uso de claves criptográficas.

Además, los registros de transacción no permiten su alteración y pueden ser visibles para cualquier usuario de la red si es pública, caso de Bitcoin, lo que añade un plus de transparencia.

Ergo, podríamos hacer la comparativa de un libro de cuentas con millones de copias en el mundo que se actualiza con cada operación que se realice; en cada página, imaginemos, quedan registradas las operaciones para un cálculo que parte del resultado obtenido en la página anterior; dado el gran número de copias distribuidas del mismo libro (una por cada participante en la red), intentar alterar datos en una cadena de bloques puede ser una tarea prácticamente imposible.

Este conjunto de propiedades hacen de Blockchain una tecnología que permite tener muchos más usos, y que van más allá de las divisas virtuales; a tal punto que ha abierto las puertas a algo hasta hace poco impensable: prescindir de los intermediarios que actuaban de garantes, como es el caso de Bancos centrales, verificadores o notarios, por poner solo algunos ejemplos muy diferentes entre sí.

En estos días, en que asistimos a la enésima caída de un gigante bancario, el PopularSantander acaba de adquirir una posición dominante y de facto absorberá la entidad por el inopinado importe de 1 euro– nos es lógico plantearnos si, más allá de la idoneidad de la operación a corto plazo, esta concentración progresiva del Sistema bancario no terminará dibujando un panorama de oligopolios, que se traduzca en instituciones privadas con un poder excesivo por un lado, y un mercado sin ninguna competitividad y carente de atractivo para el consumidor, con sus correspondientes riesgos potenciales de atropello – como ya fue el caso con las preferentes, las clausulas suelo, etc-. Es aquí cuando las divisas virtuales adquieren una nueva dimensión, en su condición de elemento capaz de dotar de equilibrio al mercado financiero, así como de ofrecer una alternativa real para los usuarios en sus manejos dinerarios; pero sobre todo, y esto es lo realmente importante: actuando como competencia del sector bancario tradicional, y obligándole, a medida que las criptomonedas vayan adquiriendo cuota de mercado, a ofrecer atractivos reales a los usuarios que opten por el modelo convencional; eso, hasta que termine la metamorfosis 2.0, y con ella, desaparezca el Viejo Mundo y las instituciones asociadas a él, reminiscencias de un pasado muy presente que se resiste a morir.

Autor: Emmanuel Moya Montoto.

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