ACERCA DE LAS NOTICIAS FALSAS Y DE COMO INTERACTUAMOS CON ELLAS.

Internet es a la información hoy lo que la sopa biológica fue – supuestamente, hace millones de años- a la vida: el caldo de cultivo y el medio donde las ideas, los conceptos, los prejuicios y las tendencias de las gentes del siglo XXI fermentan en forma de noticias.

En este medio digital tan acuoso por resbaladizo, donde una frase dura apenas segundos y un titular muta cientos de veces de forma en lo que dura un pestañeo, prolifera un nuevo virus que amenaza con arrasar toda forma de vida inteligente: las noticias falsas.

Aunque nuestra afirmación podría juzgarse temeraria, o si se quiere, metafórica, lo cierto es que algunas noticias falsas matan. Literalmente. Es decir, liquidan sin piedad al personaje objeto del bulo. Sin piedad, respeto ni compasión.

Imaginen por un momento que se levantan una mañana, se sirven un buen café, se sientan delante del portátil para asomarse a la actualidad del mundo y de repente descubren que el mundo le da a usted por muerto; en un primer momento les invadirá una sensación mezcla de sorpresa y estupor, e incluso puede que a los más aprensivos les embargue la duda de si están vivos o no, e inseguros, se palpen el cuerpo para asegurarse de que no son un fantasma. Mientras buscan un espejo amigo que le devuelva el reflejo tranquilizador de su demudado rostro, en su teléfono comenzarán a agolparse una tras otra cientos de llamadas y de mensajes de allegados que, preocupados, tratan de cerciorarse de que usted está, efectivamente, vivito y coleando.

Para cuando usted y sus más cercanos desmientan la noticia, la red ya se habrá llenado de mensajes de condolencia, las puertas de su casa de ramos de flores y ositos de peluche y usted habrá vuelto, como Lázaro, a la vida.

Si la situación les parece surrealista e improbable, basta con repasar cuantas personas “han muerto” dentro de esa realidad paralela que florece actualmente en internet, como en el pasado lo hizo en las comidillas de barrio y las tertulias de los bares, para darnos cuenta de lo real que es. En los últimos meses han sido suicidados en contra de su voluntad, y de las formas más trágicas, numerosos famosos: el ex futbolista paraguayo Salvador Cabañas, el portero del Chapacoense Jackson Follmann, el concursante de Factor X David Williams y… Brad Pitt.

A Cabañas además, lo suicidaron de una forma especialmente cruel, pues según el bulo, cuando lo encontraron, todavía estaba con vida. Osea, que además de maniaco-depresivo, torpe. Si yo fuera el mítico ex jugador de Águilas demandaría a los responsables del engendro, solo por dejarme de inepto.

Tras estas noticias hay gente muy lista, y tras los que las difunden en sus muros sin contrastar la información, gente muy tonta. Y como los tontos somos la abrumadora mayoría – me incluyo por una cuestión de solidaridad -, el resultado es que la tasa de mortalidad entre el colectivo de famosos se ha disparado, y el de resucitados ha alcanzado niveles nunca vistos.

¿ pero que hay detrás de todo esto ? ¿ qué intenciones tienen quienes las crean ?

La respuesta es sencilla: dinero.

De una manera u otra, cuando los usuarios compartimos un contenido en la red, lo reproducimos o lo comentamos, estamos generando riqueza; ya sea de forma directa o indirecta. Hay youtubers y blogueros que ganan dinero por las visualizaciones de sus contenidos, webs que ingresan por publicidad o enlaces que cada vez que se clican se convierten en dinero contante y sonante. La red es una industria virtual cuyo principal activo somos los internautas. A más usuarios, más contenidos, y más dinero. Aunque Google sea gratuito, el mero hecho de que lo usemos ya le está generando beneficios al buscador, sea a través de la publicidad, del posicionamiento que pagan las empresas para que sus contenidos te sean accesibles a ti o, simplemente, incrementando el valor de sus acciones en el Nasdaq.

Dentro del marasmo de contenidos que inundan la red hacen falta titulares sensacionalistas para destacar; la gente pasea la vista aburrida por su muro de facebook y solo despierta cuando una publicación le impacta, sea en un sentido u otro. Así que cuando de repente se cuela la palabra suicidio, muerte o asesinato, acompañada del nombre de alguien famoso, nuestra mente reacciona. ¿ Cómo ? ¿ qué ha pasado ? Queremos saberlo, y queremos saberlo ya. Y pinchamos. Al mismo tiempo que nosotros, miles de personas replican la operación. En cuestión de minutos, una página desconocida acaba de posicionarse entre las más visitadas de internet, y gracias a ello, sus ingresos por publicidad también han crecido, o lo harán a lo lago de los días subsiguientes.

Aunque no siempre se trata de una cuestión de posicionamiento; en ocasiones detrás del enlace a una noticia falsa se encuentra un malware, esto es, un virus, y al pinchar el enlace lo que estamos en realidad es infectando nuestros ordenadores.

Esta fue el modo de operar que escogieron el pasado año unos piratas informáticos para conseguir las claves de los usuarios de Facebook que pincharon sin vacilar el enlace a una noticia que informaba del supuesto suicidio de Brad Pitt. En cuestión de horas habían robado miles de contraseñas, una información de mucho valor y que suele revenderse posteriormente en el mercado negro.

Pero las noticias falsas no solo responden a los objetivos señalados con anterioridad; también las hay que persiguen crear tendencias, condicionar nuestra forma de pensar e influir, por ejemplo, en nuestra decisión de voto. Un ejemplo del pasado fue la fatal estrategia de la administración Bush de generar informes y noticias falsas acerca de las armas de destrucción masivas que se encontraban supuestamente en poder de Saddam Hussein. Así, retroalimentando el sentimiento de patriotismo que habían generado los atentados del 11S, poco o nada le importó a la opinión pública norteamericana que especialistas y agencias de noticias de todo el mundo cuestionaran o desmintieran las tesis de su gobierno: en el momento de estallar la guerra, un porcentaje mayoritario de los ciudadanos americanos se posicionaban en favor de una intervención que, de no haber existido una campaña oficial de manipulación informativa, habría sido tan impopular como en su día lo fueron otros conflictos bélicos protagonizados por el gigante americano, caso de Vietnam.

A la izquierda, el que fuera Secretario de Estado de EEUU, responsable de presentar las pruebas que justificaban la invasión de Irak y que posteriormente se mostraron falsas. A la derecha, defendiendolas como auténticas ante el consejo de seguridad de la ONU

Pero no hay que irse tan lejos en el tiempo para encontrar casos de, cómo a partir de mentiras, medias verdades y desinformación masiva se han conseguido decantar de un lado u otro procesos electorales y referéndums; desde la obscena forma de generar bulos de webs cercanas al entorno de Donald Trump, a la descarada forma de mentir y citar datos erróneos de Nigel Farage durante la campaña previa al Brexit. Los resultados, a la postre, ya los conocemos todos.

Hablábamos al principio y en tono jocoso de noticias que matan en la ficción a sus protagonistas; pero también matan aquellas noticias falsas que incitan al odio, o a la violencia; en Washington, un hombre empezó a disparar en una pizzería de la capital estadounidense tras creerse una noticia falsa que se había publicado y que relacionaba a Hillary Clinton, candidata presidencial, con una red de abuso de menores y pedofilia localizada en los sótanos del local.

Por su parte, los delitos de carácter xenófobo se han disparado en el Reino Unido, incluyendo asesinatos. Muchos de los argumentos que dan los fascistas británicos intentan apoyarse sobre las groseras mentiras empleadas durante la campaña del Brexit por gente como Farage o Boris Johnson.

NIGEL FARAGE, el etílico líder del eurófobo y xenóbo UKIP.

frente a esta suerte de terrorismo informativo somos los usuarios los que tenemos la responsabilidad; evitando que las falacias de la red intoxiquen nuestra forma de pensar. Comprobar la fuente original de una noticia antes de replicarla, indagar un poco la credibilidad del sitio, y ser responsables con la información que consumimos y que compartimos; he ahí la clave.

No podemos olvidar que cuando replicamos una noticia falsa estamos siendo cómplices de los que la han creado, así como responsables en cierta manera de las consecuencias que pudiese tener. Somos parte de la cadena, de un plan malintencionado ideado por otro.


Este bochornoso montaje, en el que se muestra al socioliberal Alexander Pechtold, del partido Demócratas 66, en una manifestación de islamistas radicales fue difundido sin rubor por el ultraderechista Wilders, experto en eso que se viene a llamar Posverdad; osea, mentir con descaro o difundir noticias falsas sin ningún tipo de rubor y en interés propio.
Pero, por encima de todas las cosas, debemos ser más reflexivos, y tomar conciencia de lo que supone realmente navegar por internet: generamos riqueza, conocimientos e información. ¿ a quién queremos premiar con la plusvalía que genera nuestra actividad en la red ? ¿ a los profesionales de la información o los de la desinformación ? ¿ a la gente que trabaja por acercarnos a la realidad o a los que pretenden secuestrar nuestra forma de pensar y actuar a base de mentiras ?

Espero que, de la misma manera que un día fuimos capaces de bajar de los árboles para sentarnos frente a ordenadores y construir sociedades complejas, de igual manera, seamos capaces de desarrollar la inteligencia colectiva necesaria para que el presente y el futuro no se construyan a base de mentiras. Para mí, una noticia falsa es como una pistola. Denle una pistola a un mono y ya verán lo que pasa.

Emmanuel Moya-Montoto

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