La policía detiene a un adulto que hacia grooming en Sevilla

Muchos padres creemos ciegamente tener controlado lo que hacen nuestros hijos; conocemos a sus amigos,
los sitios donde suelen parar, las aplicaciones que se descargan y con las que se entretienen e, incluso, que hay detrás de algunas mentirijillas: ese novio que nuestra hija nos esconde por vergüenza, ese olor a tabaco mal disimulado con abundante ambientador en el baño, etc.

Estamos tranquilos porque creemos tener bien fiscalizados al menor; hay cosas que son propias de la edad, pensamos, y mientras nosotros las controlemos, todo irá bien. Discutimos con nuestra pareja la conveniencia y el momento adecuado para abordar una charla acerca de anticonceptivos, los peligros de las drogas o del alcohol, y sin embargo, obviamos un tema realmente inquietante y que representa un serio peligro para la integridad de los chicos, y que nosotros desconocemos: los riesgos que esconde un mal uso de las nuevas tecnologías por parte de los chavales, y que puede exponerlos a situaciones realmente peligrosas.

Esta semana el periódico ABC informaba de que la policía detenía en Sevilla a un hombre de 20 años, por un delito de abusos sexuales, corrupción de menores y descubrimiento y revelación de secretos tras acosar vía de Internet a menores, de las que obtuvo fotos desnudas bajo engaños, coacciones y amenazas.

El arrestado pergeñó un plan que consistía en atraer por la Web a menores bajo el reclamo de un concurso de dibujo cuyo premio era un teléfono móvil de alta gama, que sería enviado con mayor celeridad si, sorprendentemente, la ganadora enviaba fotos desnuda, explicaba la Policía.

El detenido captaba a sus víctimas a través de distintos perfiles en redes sociales, y después de haber obtenido las fotos, seguía pidiendo más; si los menores se negaban a enviar más fotos, las amenazaba con publicar las que ya había obtenido con anterioridad.

La técnica empleada por el adulto se conoce como «grooming», – otro anglicanismo más – y alude a la obtención de fotografías o vídeos eróticos de menores – e incluso la preparación de un encuentro sexual – mediante suplantación de identidad, engaños y coacciones.

La investigación se inició cuando un padre denunció que su hija mantenía conversaciones bastante inapropiadas con un hombre por teléfono móvil.

El individuo, a lo largo de dos años, se ganó la confianza de su víctima, logrando que le mandara fotos desnuda; y le amenazó con publicarlas en internet si dejaba de enviarle más, lo que hizo que la víctima entrara «en una espiral de la que no podía salir», según la Policía.

En una segunda denuncia, una joven mayor de edad manifestó haber encontrado una foto suya semidesnuda en una conocida red social. Las pesquisas posteriores permitieron relacionar este hecho con la denuncia anterior, consiguiendo así la identificación del presunto ciber-delincuente.

Pero aún habría una tercera denuncia: una madre narró cómo su hija había sido víctima del citado engaño del concurso de dibujo, y cuyo supuesto premio, recordemos, era un teléfono móvil de alta gama.

Una vez hubo ganado el falso premio, el autor le pidió, en aras de agilizar el envío, que le mandara algunas fotos y vídeos de naturaleza sexual, a lo que la menor accedió pensando que era la única forma de conseguirlo.

Sin embargo, cuando la joven se negó a continuar con los envíos, el depredador sexual la amenazó con publicar las que ya le había enviado con anterioridad.

La investigación ha sido llevada cabo por el Grupo de Delitos Tecnológicos de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Sevilla, que está analizando el material incautado y no descarta que haya más víctimas.

La Policía Nacional recuerda la importancia de educar a los menores para una navegación segura en la red y evitar ser víctimas de «grooming» y otros delitos, como el ciberacoso.

Entre esos consejos, la dan especial relevancia a que no se proporcionen o compartan nunca imágenes privadas, comprometedoras o de naturaleza sexual a través de las redes sociales, sin tener la total certeza de quién las va a recibir y, por supuesto, desconfiar de desconocidos.

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Manuel Jonas Stuard-Garcia

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