DIARIO DE UN EXPERTO EN SEGURIDAD INFORMÁTICA [II]: Un príncipe azul lleno de sorpresas

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Hace más de 3 años, una mujer de unos 45 años me contrato para realizar primeramente labores de investigación y posteriormente de forense informático en toda su casa y lugar de trabajo. El objeto de tal investigación era encontrar dispositivos espías y aplicaciones que registraran la información que realizaba mi cliente a través de su móvil y ordenadores que, incluso podrían llegar a localizar su posición geográfica en ese momento.

Como muchos ya hemos leído el periódico (digital o el físico), hoy estaremos informados de la noticia de un hombre condenado en Almería 2 años por instalar la aplicación Cerberus en el smartphone de su expareja sentimental sin el consentimiento de ella. Suceso que no nos sorprende nada. Cada día, diferentes hombres (sin mencionar a las mujeres porque nunca nos han llamado para pedir algo semejante) suelen llamarnos con la intención de “contratar” servicios ilegales como acceder al Whatsapp, e-mail, registros de llamada, localización de su dispositivo, etc. Los primeros días solía reaccionar con cierta sorpresa a las llamadas y correos electrónicos. Posteriormente decidimos hacer una plantilla para leerla o mandarla automáticamente con nuestra negativa.

Volviendo al caso del cliente anterior: tras varios días recorriendo los pasillos y habitaciones con un detector IMG_20160222_183203de radio frecuencia, encontramos 2 micrófonos instalados en el salón y el cuarto donde dormían juntos mi cliente y su pareja (sospechoso en ese momento de espiar). También, cámaras que aunque fueron puestas con el consentimiento de ambos en sus casas, ‘él nunca informó que había configurado un acceso externo que lo usaba para vigilar las acciones de ella’. Usándose con una finalidad totalmente distinta a la pretendida en un principio, él la usaba para controlar qué hacía, con quién estaba y cuándo entraba o salia. Encontramos Keyloggers en todos los ordenadores de la casa que registraban todas las pulsaciones que hacía con el teclado, robando credenciales de sus redes sociales y correos electrónicos. Además, localizamos y analizamos un bolígrafo espía en el despacho de ella. Según testimonio de mi clienta, venia y se llevaba el bolígrafo con una frecuencia casi diaria. Éste tenia incorporado un micrófono, cámara para hacer vídeos o fotos, además de tener tinta para escribir…

Con todo esto lo único que quiero decir es que lo más preocupante no es que todos los días me llamen hombres para que le preste servicios espías contra sus parejas o ex-parejas. Si no que cada semana, llegan más mujeres a nuestros despachos víctimas de estos abusos que aunque yo, al final me niegue a hacerlo, muchos otros no, o simplemente consiguen a través de Google descargar alguna aplicación (como el caso del Keylogger o como el Cerberus de Almería), comprar en alguna tienda online o física algún dispositivo para espiar o algún conocido le ayudará.

La realidad es que no dispongo de datos para poder argumentar que también las mujeres lo hacen, pero después de 3 años como perito informático y fundador de la empresa QuantiKa14 especializada en seguridad informática he llevado más de 50 casos de mujeres  y 1 de hombres víctimas de estos abusos.

 

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