DE REYES, PÍCAROS Y TECNOLOGÍA.

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Adaptarse o Morir.

Desde el nacimiento de la picaresca en el Siglo de Oro español, los “granujillas” han sabido adaptarse a las distintas etapas en las que les ha tocado vivir, adaptando así mismo, sus necesidades y deseos pasando de un simple mendrugo de pan a una cantidad ingente de dinero.

Los pícaros siempre han estado a la vanguardia de su propio tiempo, sacando partido de su inteligencia y su conocimiento humanístico para aprovecharse de las debilidades de aquellos a los que querían engañar, ya fueran ciegos, clérigos o hidalgos venidos a menos del siglo XVI, hombre de campo en el siglo XIX o internautas en el siglo XXI.

Desde aquellos años en los que el Lazarillo de Tormes hacía sus andanzas, los distintos tipos de timos se han aprovechado de la inocencia, curiosidad y, muchas veces de la codicia de sus víctimas con la diferencia que, si hace unos años los pícaros tenían una gran capacidad de actuación y credibilidad, gracias a las nuevas tecnologías y la facilidad que éstas nos ofrecen de contactar con cualquiera, no están atados a timar solo a aquel para el que trabajan o a quien pase por una calle a la que ya no podrán volver sino que, prácticamente todo el mundo puede ser objeto de sus planes.

Hablamos de adaptación porque, si bien es cierto que los cibercriminales son capaces de inventarse nuevos engaños, la mayoría de sus tretas no son más que actualizaciones de otras hace tiempo inventadas, como por ejemplo la conocida como “estafa española” que con fecha aproximada de 1854, consistía en enviar una carta al posible panoli describiéndole la existencia de un tesoro enterrado que podía ser suyo por lo cual, se le solicita que adelante una cierta cantidad de dinero para realizar el rescate… ¿a nadie le suena?. No es extraño que alguno de nosotros o de nuestros conocidos haya recibido un correo electrónico por el cual, un familiar que no conocemos o un rey de África, nos pida una cantidad de dinero para realizar una supuesta gestión que nos permitirá acceder a una valiosa herencia, o quizá alguna de la multitud de variantes existentes  por las cuales, debemos pagar para recibir el premio de un concurso en el que no hemos participado, de un boleto de una lotería extranjera o para liberar un paquete que alguien nos ha enviado.

Pero no todo es conseguir dinero directamente, a veces los cibercriminales utilizan el phishing (suplantación de identidad), para conseguir nuestros datos personales, bancarios o de crédito para conseguir distintos productos o efectivo de manera indirecta.

Otras veces “sólo” quieren acceder a nuestros datos para utilizarlos para otro delito, nuestra cámara web para vender las imágenes, utilizar nuestro ordenador como salto previo a otro, nuestra dirección IP para no ser encontrados por la suya, etc.

Para todo ello se aprovechan de nuestra curiosidad para engañarnos y, de nuevo utilizan su capacidad de adaptación y de anticipación para conseguirlo, utilizando por ejemplo supuestos links a videos o noticias de la actualidad como lo fue en su día la desaparición del avión de Malasia Airlines o la abdicación de Juan Carlos I.

El mismo día en que FelipeVI era proclamado nuevo Rey de España, su foto y su nombre ya era utilizado por el conocido “virus de la policía”, un malware que circula por la red desde hace dos años y que, afectando a Windows y Mac Os nos muestra un supuesto mensaje de la Policía indicándonos que por acceder a alguna web prohibida, nos han bloqueado el ordenador obligándonos a pagar una multa para proceder a su liberación.

Esta velocidad al cambiar la foto de la cabecera por la del nuevo Rey, no hace más que demostrar la rapidez de reacción de los cibercriminales, su capacidad de adaptación  e inteligencia para que nadie pueda tener un atisbo de duda de que su timo sea “real”, consiguiendo así, que muchas veces ni siquiera nos demos cuenta que hemos sido engañados.

Obviamente, estos son sólo unos ejemplos de los miles de peligros que nos podemos encontrar por Internet y, que por desgracia, nos seguiremos encontrando si no utilizamos la misma  capacidad de adaptación de los pícaros del Siglo XXI, usando la cabeza, siendo precavidos, apoyándonos en quien nos pueda ayudar y educando a los demás y a nosotros mismos en el buen uso de Internet y las Redes Sociales.

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