EL CONSENTIMIENTO FORMULADO POR CORREO ELECTRÓNICO O CHAT

Internet ha cambiado nuestra forma de comunicarnos y, por tanto, también nuestra forma de declarar nuestra voluntad. La inmediatez de los chats y mail permite una comunicación bidireccional entre personas que en la realidad pueden estar lejos pero en la red están conectadas, mostrando una imagen de sí mismas, y haciendo sucesivas declaraciones de voluntad. Esto conlleva que numerosos acuerdos o negocios jurídicos se estén desarrollando casi sin darnos cuenta, a menudo sin firma electrónica, pero con signos externos de estar prestándose el consentimiento. El problema surge cuando alguna de las partes no es consciente de la trascendencia de lo que está haciendo y finge consentir sobre algo, como no pasa pocas veces entre adolescentes, o consienten para evitar problemas mayores pero sin verdadero consentimiento interno. Cuando usábamos los medios tradicionales para comunicarlos, las fases previas al momento de consentir apenas tenían transcendencia pública, sin embargo ahora, cada uno de nuestros pensamientos alrededor de una decisión los estamos volcando de manera inmediata, y con pocos segundo de diferencia podemos decir “sí” y luego “no” dejando por escrito una declaración, incluso unas palabras y una imagen, que tal vez no es la que habríamos mostrado sin la inmediatez de la comunicación electrónica. Cada vez va a ser más necesario rastrear la cadena de mails y mensajes de chats para descubrir cual es el verdadero consentimiento y comprender a qué se obligaron las partes, quién incumplió, o simplemente quién está atacando y quién defendiéndose.

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